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CÁNCER DE SANGRE

Recuerda que tu hematólogo/a es quien mejor conoce tu situación y puede orientarte. Ante cualquier duda, consulta con él/ella.

¿Qué es un cáncer de sangre?

El cáncer de sangre, también llamado cáncer hematológico o neoplasia hematológica, es un término general para referirse a enfermedades que afectan la producción y el funcionamiento de las células sanguíneas.

La médula ósea (el tejido blando dentro de tus huesos) es como una «fábrica» de sangre. Normalmente, esta fábrica produce tres tipos de células: glóbulos rojos (llevan oxígeno), glóbulos blancos (combaten infecciones) y plaquetas (detienen hemorragias). El cáncer ocurre cuando estas células comienzan a crecer de forma descontrolada y anormal, impidiendo que la sangre realice sus funciones vitales.

Los tres tipos principales son:

  1. Leucemia: el cáncer de los glóbulos blancos

Se origina en la médula ósea cuando se producen demasiados glóbulos blancos anormales que no funcionan bien.

Se clasifica generalmente por la rapidez de su avance (aguda o crónica) y el tipo de célula implicada (mieloide o linfocítica)

  • Aguda: Crece muy rápido y los síntomas aparecen pronto. Requiere tratamiento inmediato. Es el tipo de cáncer más frecuente en niños.
  • Crónica: Progresa lentamente. A veces, las personas no tienen síntomas durante años y el cáncer se descubre en un análisis de rutina.
  1. Linfoma: el cáncer del sistema de defensa

Este tipo afecta al sistema linfático, que es parte de tu sistema inmunitario. Suelen notarse como bultos o «bolitas» que no duelen en el cuello, las axilas o las ingles. Hay dos grupos principales:

  • Linfoma de Hodgkin: Se caracteriza por unas células específicas llamadas Reed-Sternberg. Suele ser muy sensible al tratamiento y tiene altas tasas de curación.
  • Linfoma no Hodgkin: Es mucho más común y engloba más de 60 subtipos diferentes.
  1. Mieloma Múltiple: el cáncer de las células plasmáticas

Comienza en las células plasmáticas, un tipo de glóbulo blanco que fabrica anticuerpos. Estas células cancerosas se acumulan en la médula ósea y pueden dañar los huesos, debilitándolos. Es más común en adultos mayores de 65 años.

¿Qué síntomas podrías notar?

Aunque varían según el tipo de cáncer, los pacientes suelen experimentar:

  • Cansancio o debilidad extrema (por la falta de glóbulos rojos o anemia).
  • Infecciones frecuentes o fiebre (porque los glóbulos blancos no defienden bien).
  • Moretones o sangrados fáciles (por tener pocas plaquetas).
  • Dolor en los huesos, especialmente en la espalda o las costillas.
  • Pérdida de peso sin causa aparente y sudores nocturnos intensos.

¿Cómo se diagnostica?

El primer paso suele ser un análisis de sangre completo (hemograma) para ver los niveles de tus células. Si hay sospechas, el médico puede realizar un aspirado o biopsia de médula ósea, que consiste en extraer una pequeña muestra del interior del hueso (generalmente de la cadera) para examinar las células al microscopio.

Nota importante: Recibir un diagnóstico de este tipo puede ser abrumador, pero hoy en día existen tratamientos muy avanzados como la inmunoterapia y las terapias dirigidas que han mejorado mucho el pronóstico de los pacientes.